Emilio Calatayud tiene 51 años y debe su popularidad como juez de
menores a las peculiares sentencias que impone a los que delinquen: ha
decidido que jóvenes que infringen las leyes del tráfico acompañen a
las patrullas que vigilan las carreteras, ha obligado a ‘niños bien’ a
servir a indigentes, ha ‘condenado’ a un delincuente analfabeto a
aprender a leer… Ejerce en Granada, y habla aquí, con opiniones
polémicas, de la educación.
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